sábado, 2 de enero de 2010

Acto poético (24 de diciembre de 2008)


La Navidad es probablemente la fiesta más cruel del año. No porque naciera con ese propósito o porque sea ése el fin por el que la conservamos. Nosotros la hemos convertido en un acto cruel y a menudo desconsiderado.

Es bueno encontrar un hueco al cabo del año para reunirse con toda la familia, para regalar felicidad a los amigos, para los buenos deseos y las frases dulces. Quizá no debería buscarse únicamente el pretexto de la navidad para hacer todas estas cosas, pero ya que se tiene no está de más sacarle partido durante unos días. Pocas personas sería capaces de mantener el espíritu navideño durante todo el año. Para todas las demás nos son necesarios unos días de vacaciones para jugar a sentirse mejores personas.

Sin embargo, es cruel, aunque quizá sin la intención consciente de serlo. Es cruel pasear la felicidad ante el sufrimiento y la tristeza de tantos otros. Es cruel fingir indiferencia, querer dar la impresión de que si en casa va todo bien, el mundo es pura alegría, buscar la ostentación en un vano intento de hacer todavía más brillantes estos días o guardar las sonrisas sólo para los nuestros.

Un abrazo, una caricia, quizá un gesto invisible puede hacer que nos sintamos más cercanos, no a nuestra familia o amigos, sino tal vez al ser humano en su infinita riqueza.

En navidad muchos somos un poquito más felices. Otros nos reencontramos con el vacío y las carencias que quisimos ocultar a nuestros ojos. Unos y otros encontramos un motivo para crecer, una llamita que se enciende en nuestro interior, o una fría espina que nos recuerda lo vulnerables que somos.

La navidad es para los deseos, el año nuevo para los propósitos. En mi caso unos y otros a menudo se entrelazan inevitablemente porque con el tiempo aprendí que, aunque es posible recibir sin dar o hacer nada a cambio, no es lo correcto.

Por quien se encontró solo en mitad de la felicidad, por quien la perdió en el camino, por quien no tuvo con qué comprarla, por quien no tuvo tiempo para disfrutar de ella, por quien no encontró con quién compartirla… por quien la alcanzó y no supo qué hacer con ella.

Comparte el contenido de esta carta con tantas personas como quieras, pero guárdala hasta que llegue el momento como guardarías un tesoro. El acto poético ha llegado a ti. Escribe tus vivencias, tus ilusiones, tus sueños y regálaselos a un desconocido.

Déjate sorprender por cada instante de la vida. No te refugies en el ayer y deja de actuar condicionado por el mañana que esperas. En el hoy, y en ningún sitio más, es donde nos está permitido vivir.

La poesía es un acto

2 comentarios:

Héctor dijo...

Estoy bastante de acuerdo con lo que dices por aquí. Quizás tengas o no razón, pero son unas fechas entrañables y más menos crueles según la situación, y, por qué no, según cómo te levantes. Mi estado de ánimo está siendo fluctuante esta Navidad: desde que todo me parece vacío y una mera pantomima, a todo es bonito, es sincero, es necesario.
Feliz 2010.

Osha dijo...

Los años pasan y nosotros por el momento nos quedamos. Me encanta encontrarme por sorpresa con tus comentarios.

Feliz 2010 :o)